Zulmaire González y Juancarlos Vargas
Los
venezolanos y el mundo entero volvieron a ser testigos de hechos de violencia desatada por el régimen que gobierna a Venezuela desde hace 15 años. El
12 de febrero, fecha en que se celebra el Día de la Juventud en Venezuela, estudiantes,
activistas políticos, sociedad civil y ciudadanos salieron a manifestar, de
manera pacífica, en todo el país contra la inseguridad, desabastecimiento,
inflación, presos políticos, y sobre todo contra las arbitrariedades que Maduro
ha venido implantando desde que asumió la presidencia.
Ha
sido un patrón en la conducta de Nicolás Maduro utilizar la fuerza y reprimir en
las protestas pacíficas. Los estudiantes se han convertido en las víctimas favoritas
de Maduro, quien les teme porque históricamente estos jóvenes son símbolo de
lucha, fuerza, valentía, creatividad, y coraje. En los momentos en que los
estudiantes han recurrido a la protesta pacífica ha quedado en clara evidencia
la falta de liderazgo y carisma de quien ocupa la silla de Miraflores.
En
Venezuela se ha venido implementando la persecución como política de Estado
bajo la asesoría del régimen castro-comunista. Maduro ha ordenado directamente a
los órganos represivos del Estado, los cuales son controlados por el Ministro
del Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, detenciones arbitrarias
dirigidas a comerciantes, activistas políticos, y más recientemente contra
estudiantes, entre los que incluso se encuentran menores de edad. Para
justificar estas detenciones los órganos competentes fabrican delitos,
constituyendo un mecanismo para criminalizar a la disidencia. Preocupa el
carácter sistemático de esta conducta, que se inicia con la represión desproporcionada,
para luego pasar a la privación arbitraria de la libertad como fase previa a la
tortura, tratos crueles, inhumanos y/o degradantes, e incluso para la desaparición
forzada de personas.
