Fuente: The Beacon / blog.independent.org
Ante el asombro de Maduro, López sigue en marcha, convertido ahora en un icono del movimiento de resistencia desde su prisión militar de Ramo Verde.
Tras varios días en la clandestinidad, Leopoldo López, uno de los líderes del movimiento de resistencia de Venezuela, se entregó durante una masiva manifestación de protesta y proclamó: “Si mi encarcelamiento sirve para que el país despierte, ha valido la pena”.
La dictadura chavista encabezada por Nicolás Maduro lo ha acusado de actos de violencia relacionados con las recientes protestas. En realidad, como múltiples testimonios y una gran cantidad de pruebas gráficas lo demuestran, la violencia ha sido perpetrada por los grupos paramilitares, conocidos como “colectivos”, que el gobierno ha armado y ensalzado como protectores de la revolución bolivariana.
Estas milicias son similares a las que el gobierno cubano emplea rutinariamente contra sus críticos. No debería ser una sorpresa. Cuba participa activamente con el régimen venezolano y ha jugado un papel preponderante en el diseño y operación del aparato de seguridad. Los lazos de Maduro con La Habana se remontan a la década de 1980, cuando fue entrenado en la tristemente célebre Escuela Superior del Partido Comunista, también conocida como “Ñico López”. Desertores de los servicios de inteligencia han indicado que él ha tenido estrechas relaciones con el Departamento América de Castro, encargado de propagar la revolución por toda América Latina.