Fuente: http://www.el-nacional.com
Alberto Arteaga Sánchez
23 de marzo e 2015
No podemos aceptar como un incidente más en el cuadro dantesco de la cárcel venezolana que se produzca un suicidio -según la versión oficial- de un venezolano preso por motivaciones políticas, preso político, político preso, manifestante o disidente encarcelado como es el caso de Rodolfo González, a la espera de un injusto juicio terrenal que debía llevarse a cabo en breve lapso, pero que había tardado más de un año, amenazado seriamente para ser trasladado a otro depósito penitenciario en peores condiciones que las mazmorras políticas venezolanas.
¿Realmente ocurrió un suicidio? ¿Hubo inducción al suicidio? ¿O pudo darse un homicidio?