OSCAR ARIAS SANCHEZ
La Nación
17 de junio de 2014
La Nación
17 de junio de 2014
Es una gran ironía que la ola democratizadora en América Latina haya generado un efecto auto-censurador en el discurso de quienes, durante décadas, alzaron la voz con valentía en contra de las dictaduras que marcaron con plomo la región.
Una vez que los Gobiernos latinoamericanos empezaron a ser el resultado de elecciones democráticas, una vez que la tortura, las desapariciones, los asesinatos masivos dejaron de abofetear la dignidad de millones de seres humanos, surgió en el medio internacional un nuevo estándar retórico. Como ya no se puede llamar dictadura a ningún Gobierno en la región, con excepción de Cuba, es "políticamente incorrecto" ser demasiado agresivo en el ataque al comportamiento de ciertos líderes con tendencias indiscutiblemente autoritarias.
Nos hemos sumido en un nivel de crítica tenue y respetuosa. En atención a la soberanía de los países, y, sobre todo, en atención al hecho de que las propias poblaciones son las que eligen perpetuar estos regímenes, nos eluden las palabras apropiadas para condenar categóricamente el comportamiento de gobernantes como Nicolás Maduro.





